BIOGRAFÍA

La primera vez que Andrés Suárez tocó su guitarra en el metro perdió dinero. La recaudación no alcanzó para el gasto del billete, pero este gallego que llegó a Madrid hace ocho años no es de los que se arrugan fácilmente. En la capital encontró lo que su tierra le negaba: lugares donde tocar de lunes a domingo. Terrazas de La Latina, bares con encanto, el mítico Libertad 8 y, en enero de este año, un Palacio Vistalegre lleno a reventar. Un acontecimiento extraordinario para un artista cuyos discos han quedado eclipsados por un apoyo inferior al que merecían. Pero el 13 de abril inició una nueva etapa en Sony Music con la publicación de Te doy media noche, primer single del que el 2 de junio se ha convertido en el sexto álbum de su carrera . Un trabajo del que Andrés espera sobre todo una cosa: que le permita tocar, tocar y tocar.

El álbum, que se llama Mi pequeña historia, suena sobre todo a banda porque el artista y el productor, Alfonso Pérez, pusieron a todos los músicos a interpretar a la vez, mirándose unos a otros como si de un concierto se tratara. En un estudio, pero concierto al fin y al cabo. Con la colaboración de Peter Walsh (Peter Gabriel, Miguel Bosé…) como coproductor y técnico y con su banda de siempre, a este ferrolano de 1983 le ha salido un disco luminoso y optimista, roquero a menudo, casi garajero en algunos momentos, pero con toda la lírica y el sentimiento que apasiona a su creciente comunidad de seguidores.

Te doy media noche explora un sonido nuevo para un artista que no reniega del concepto de cantautor, pero sí de lo que de aburrido y caduco tenga para una parte del público. “Fuera de España no es así, en Latinoamérica los idolatran, especialmente a los españoles, por no hablar del singer-songwriter del mundo anglosajón”. Cantautor, sí, pero transgresor, con Robe Iniesta de Extremoduro o Iván Ferreiro como modelos de cantautores a seguir. Por si queda alguna duda, aclara: “En los directos con mi banda vamos con una batería con doble bombo”. Para demostrar que un cantautor también puede hacer saltar al público.

Andrés se declara producto de la música que escuchaba de niño en las casettes del coche de su padre. La lista es larga y variada: de Juan Luis Guerra a Rosendo, de Jose Afonso a Franco Battiato, de Sabina a Milladoiro. Extraña mezcla, que le identifica con un amplísimo concepto personal de la canción de autor que también pasa por Serrat, Antonio Vega, Enrique Urquijo o Javier Ruibal. O por Damien Rice y Glen Hansard, dos de sus grandes iconos, con historias que también comenzaron en la misma calle, en el caso de Hansard para conducirle hasta un Oscar.

La historia de Andrés Suárez tiene las dosis de romanticismo que requiere cualquier artista que vaya por el mundo narrando sus vivencias. De muy crío iba por los bares de Ferrol con más de un grupo. Dio el salto a Santiago, una ciudad a la que llegan gallegos de las cuatro provincias con algo que contar y donde amplió el círculo de escenarios en los que seguir rodándose. Allí fue donde empezó a crear composiciones que alternaba con los clásicos del coche familiar. Grabó su primer disco, De ida, que le permitió salir de gira, pero cinco años después de su llegada a la capital gallega, a razón de cuatro conciertos semanales, consideró que había llegado la hora de Madrid.

“Tenía 20 años y muchas ganas de tocar en el metro”, confiesa Andrés. Además, en Galicia ya le había visto todo el mundo que tenía que verle. Y fue así como llega a Libertad 8 y cayeron sus siguientes discos. Maneras de romper una ola (2008), Piedras y charcos (EP, 2010), Cuando vuelva la marea (2011) y, finalmente, Moraima (2013), nombre de mujer que se identifica con la imagen que tiene de la materia prima de su profesión: “La música es mujer”.

El impacto de todos estos trabajos trasciende la suma de sus ventas. Como se demostró en el concierto de Vistalegre, Andrés Suárez es un fenómeno ya no tan sordo. Un fenómeno en delicado equilibrio de juventud y experiencia, con suficientes vivencias acumuladas para abrir una nueva etapa con Mi pequeña historia.